El embarazo en la adolescencia ha sido considerado un problema desde diferen-
tes aspectos porque implica mayor riesgo de mortalidad materna, menores opor-
tunidades –cuando no un corte abrupto– de educación, un fortalecimiento del
cÃrculo de la pobreza y un mayor riesgo de daño y mortalidad infantil.
Diversos estudios indican que más del 50 por ciento de las y los jóvenes menores
de 17 años son sexualmente activos. Denominada sexualidad temprana en nu-
merosos documentos, ella implica riesgos de un embarazo, deseado o indeseado
que tiene consecuencias negativas a corto y largo plazo para la adolescente.

Asà por ejemplo, las que deciden tener su hija o hijo deben hacer frente a la
resistencia del entorno social. Esta puede traducirse en el rechazo de la familia
próxima, en la expulsión del colegio, en la pérdida o disminución de su red so-
cial de amigas y amigos. Para aquellas que desean poner término al embarazo
las posibilidades de hacerlo son frenadas por las leyes que penalizan el aborto
el temor de una intervención insegura, el sentimiento de culpabilidad, su alto
costo, entre muchas otras.
Los efectos sociales en las jóvenes madres también son importantes, sobre todo
si se considera que la mayorÃa de los embarazos adolescentes se da en jóvenes
pobres y de escasa escolaridad. Además de asumir la responsabilidad de la crianza
del hijo o hija, muchas de estas madres, al ser jefas de hogar de bajos ingresos
continúan en el ciclo de pobreza.
La Agenda Salud aborda el tema basándose en el taller de trabajo realizado
por la Oficina Regional de la Unicef para América Latina y el Caribe en los
primeros dÃas de noviembre de 1997. La diversidad y calidad de los trabajos allÃ
expuestos ameritan ampliamente su difusión para lograr no sólo una disminu-
ción de las tasas de embarazo en adolescentes y de maternidad temprana, sino
para que las niñas y los niños lleguen a la edad adolescente con conocimientos y
valores que les permitan decidir responsablemente acerca de su vida y su sexua-
lidad.
feunte
mujernica